Aceitera de cristal soplado azul claro- Gordiola

46,00

Aceitera de cristal soplado azul claro- Gordiola

46,00

El arte de soplar el vidrio, la prodigiosa habilidad y la destreza en trabajarlo, constituye uno de los más preciosos valores de nuestra multisecular tradición artística cultivada desde 1719 en los hornos vidrieros de la familia Gordiola. A lo largo de casi tres siglos, a través de sucesivas generaciones, los artesanos y maestros vidrieros han ido modelando con el ingenio de su inspiración, el aire de sus pulmones y la agilidad de sus manos las piezas, las formas, transparencias y reflejos que aún hoy nos seducen. Cada pieza es única, por lo que ninguna es idéntica a la otra. Toda burbuja irregularidad o asimetría son características del vidrio soplado artesanalmente y confieren a estas obras su particular encanto.

Los artistas baleares, hasta el día de hoy, continúan creando objetos tan antiguos para nuestra cultura como la aceitera.

Mas información

No podemos concebir el vidrio en Mallorca sin Gordiola. Aparte un reducido número de piezas que corresponden a las ideas más primitivas que en vidriería se concebían y que llegaron a nosotros gracias a las reproducciones realizadas por su primer maestro, todo cuanto en vidriería artística se conoce en Mallorca se debe a Gordiola. El patrimonio histórico-artístico que nos han legado siete generaciones de vidrieros que se sucedieron en el tiempo y pertenecen a esta familia, lo demuestran.


La Familia Gordiola


Investigando sus orígenes, observamos que 1719, procedente de la Corona de Aragón, se instala en Mallorca un joven vidriero y solicita permiso al Ayuntamiento de Palma para hacer un horno de vidrio. El informe favorable, fechado el 16 de agosto de 1719 concede al suplicate la autorización solicitada, ordenando que se haga un buen foso para guardar la leña y para evitar incendios. Este horno solicitado por Blas Rigal, fué financiado por un comerciante catalano-aragonès llamado Gordiola.

Tras recorrer muchas etapas, fue con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona, del año 1929 cuando Gordiola volvió los ojos a su primitiva tradición, dejando de lado la quimera industrial. Allí, en Barcelona, en los hornos levantados en el Pueblo Español, se reproducieron los primitivos vidrios que la tradición familiar había conservado.

En los últimos cincuenta años, el desarrollo artesanal ha sido más vasto y sus vidrios están representados en todos los continentes. En las Ferias de Utrech, Río, Buenos Aires, Bruselas, New York, etc. los éxitos han sido espectaculares por la originalidad de las formas y la cromática de sus colores.

Historia del vidrio Balear


Entre los descubrimientos debidos a la casualidad y que en el transcurso de las edades se han modificado por el esfuerzo inteligente del hombre, el descubrimiento del vidrio ocupa un lugar preeminente. Una historia detallada de las aplicaciones del vidrio absorberá una parte importantísima de la historia de la civilización.

Para buscar el origen del vidrio, hay que remontarse a las edades de las civilizaciones prehistóricas, ya que hay indicios de su conocimiento. Ahora bien, los primeros documentos que dan razón a su existencia, son anteriores al siglo IV.

Los fenicios, primeros mercaderes del mundo, se sirvieron del nuevo producto, descubierto a orillas del río Belus y al establecerse en nuestro litoral balear, instalaron sus hornos vidrieros durante el siglo II a. de J.C., siendo esta una de sus más valiosas aportaciones de la cultura oriental.
Evolucionaron los artistas baleares, creando nuevas formas durante la dominación griega y cartaginesa. La imaginación prodigiosa, la fabricación de formas similares a las de alfarería y la copia de originales importados del Egeo ayudaron a perfeccionar de tal modo el trabajo y lograron las vidrierías tal esplendor, que se cree muy acertado considerar esta época como la primera Edad de Oro del vidrio mallorquín.


La dominación árabe también aportó algunas concepciones artísticas, en desarrollar la vidriería paralelamente a la manufactura cerámica.


Después de la Conquista de Mallorca por Jaime I de Aragón, florece nuevamente la vidriería balear, que data documentalmente en 1327 el primer horno durante el reinado de Jaime III en Calvià. Gracias a descripciones de inventarios, se cree que los vidrios mallorquines del siglo XV, fueron muy similares a los catalanes.


El siglo XVIII es de decadencia para la vidriería mallorquina. La ilustración fomenta las artes nacionales y los gobernantes hacen venir maestros extranjeros para que enseñen a los artesanos locales. Mientras tanto, la vidriería Mallorquina recibe una nueva influencia procedente de la Europa Central.
Casi se extinguió la fabricación de vidrios de lujo para la competencia de los vasos de oro y plata.
Los vidrieros aumentaron producción en detrimento de calidad. Únicamente sobrevivió el arte popular, humilde pero gracioso, que aún hoy perdura.